
Me senté en la esquina del escritorio observando su silueta. Y como haciendo hora y queriendome decir algo, se puso de pie y dió unos pasos hacia la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho, algo andaba mal.
Se quedó mirando la mañana gris, húmeda, discretamente fantasmal. Pero no la veía, buscaba palabras para decirme que no me vaya, que me quede con ella, quizás para siempre.
Vestía un jean y una blusa azul. Y repentinamente tuve ganas de besarla.
La cogí de la cintura y ella se dejo ir contra mi. Pero mientras la besaba con mucha ternura, en la mejilla, en el cuello, en la oreja, su piel tibia latía bajo mis labios y sentir la secreta vida de su sangre trascurrir me producía una alegría enorme.
Enredaba mis dedos en sus cabellos de cuando en cuando, tan entretenido estaba con ella, que a ratos me perdía en lo que me decía, también su voz sufría altibajos, llegando a susurrar. Como si la soledad en la casa no fuera suficiente para tener que decirnos las frases mas lindas del mundo sin llegar a escarapelarnos con cada oración.
Nos quedamos en un silencio sutil, hablandonos con la mirada por varios minutos.
Para romper el hielo del que queriamos seguir disfrutando, le conte un chiste tan malo que (mas por mi expresión que por la forma como lo conté) sentí que se reía. Y al mismo instante vi alzar sus brazos y entrelazarlos a mi cuello, rozandome la mejilla con la de ella.
Sabíamos que este fuego interno solo podría sobrevivir si había entre nosotros, otros imanes, espirituales e intelectuales, mas que el simple gusto de sentirse querido, para que esa clase de amor producida entre dos seres especiales, perdure.
Bajamos a la sala, puse algo de Bublé. Queria utilizar el pretexto de bailar para abrazarla y decirle cositas al oído y hablarle de literatura y que ella me responda de música, seguí las instrucciones tal cual.
¿Cuanto duraría todo esto? - me pregunto sin querer preguntarme. ¿Al cuanto tiempo de estar conmigo, te cansarías de mi? ¿al mes, a los dos, a los tres? ¿Crees que es justo que cuando acabe la ilusión me largues y tenga que empezar de nuevo?
Se quedó mirandome fijamente. Se notaba que estaba cansada de llorar, de lamentarse por enamorarse de los menos indicados, tendencia en el que todos somos víctimas. Su cara fue esbozando una sonrisa, esas de las que tanto me gustan, de las que sueño tenerlas al despertarme.
Si me juras que me aguantarás mas de un año te acepto. Sin enamorarte de otra, queriéndome solo a mi, me dijo. Por un año de felicidad me quedaría contigo. Si supiera que me muero por decirle que quisiera ver el último ocaso del sol en una banqueta de Lima a su lado, sonaría ridículo, no le respondí llegando a solo atinar con la cabeza.
Me desperté. Esa noche, despues de pensar tanto, dando vueltas en mi cama, prendí la lamparita del velador, me puse a pensar en lo que sería un instante. Y me volví a dormir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario