
Caminando. Sin pisar la linea de los cuadraditos. Al principio. Para empezar el recorrido con una felicidad personal, que solo a mi me da felicidad. Como saltando. Como saltando. Nunca tanto.
La neblina espesa borraba todo. Lo deformaba. Y una garúa tenaz aguaba el aire. Es finales de marzo y estamos en el corazón del invierno (como decía mi abuela). Pienso, mientras continúo mi caminata. Triste e inóspita al paradero de la esquina. Con la voz de mi viejita antes de salir: abrigate que esta haciendo frio!! luego el gasto es para unooo!!!. Y en verdad que esta haciendo frio del carajo. No basta las dos medias, pienso y sonrio. Me alegra haberle hecho caso y no haber recibido el clásico: jodete entonces! como vuelto a mis desacatos con devoción.
Supuse bien. Nadie sale un domingo en invierno, mucho menos a solo prestarse a caminar. Día propicio para respirar. Para mi. Y solo. Mientras sigo esperando el taxi que me lleve a mi lugar favorito. En esta estación que a nadie gusta. Solo a mi. El infaltable regateo, "maestro 5 lukitas al puente?". Mas por la manera de la solicitud que por el contrato verbal, accede en un gesto afable.
Mientras distraía mi mente con la conversación del canoso interlocutor psicólogo ambulante, en la radio sonaba melódica la canción mas chancada de cadillac. En el pequeño tramo, se me venían atisbos de melancolía, causadas por una sonrisa, pienso. Una sonrisa?. Como diablos una sola sonrisa puede hacerme temblar? O es que en verdad no me abrigue lo suficiente? me pierdo en mi pregunta mientras en mi disfuerzo, tirito y río dentro del coche destartalado igual que el dueño, en neblina, en garúa, en la tarde de un domingo, con una sombra mirando de reojo mi risa tonta y que ahora estaba en silencio, mientras seguía conduciendo.
En unos minutos escucho a lo lejos, según mi inconciencia: llegamos!!! con tono rudo y cierta ironía para despertarme del letargo, el sujeto que con ojos clavados en mi con cierto descaro se disponía a seguir trabajando. Asintiendo yo con la cabeza y devolviéndole el gesto con una sonrisa calida al anciano (si la gente entendiera el poder que genera una sonrisa, pienso) cambiaría el mundo, bueno en parte. Bueno nunca tanto. El mundo ya esta bastante jodido para hacer campañas de sensibilización. Pero puedo ser extremadamente feliz con tan poco.
Mientras me acercaba, me frotaba las manos con furia, oyendo el rumor del rio cargado a lo lejos y de cuando en cuando el sonido de los motores de los autos que transitaban por la calle principal languidecían.
La garúa habia cesado, pero ahora un viento silvante barría la tierra y malograba mi imitación de peinado. Saco los audifonos y me los conecto al cerebro. Agrego cualquier canción, no gusto de escuchar una canción feeling si no tengo cierto sentido para hacerlo, o poner una buena letra para combinar el romanticismo cliché y el masoquismo en el que solemos sumergirnos a ciegas en un mar agridulce. En este caso, en un rio.
Llego al espacio que tengo debajo del puente, asolapado empiezo a acomodarme para quedar espectante al ocaso de matizes tan dulces que te llenan la boca de saliva, e ideas apropiadas para causar frases enamoradizas. Primero anoto mentalmente las palabras que le diré a mi sonrienta musa para no caer en eufemismos. Luego, mi lapicito masticado que se pierde entre mis dedos plasma ideas concretas.Pienso. Necesito una actitud bizarra y un buen argumento. Uffffffff. Que dificil es enamorarse. No es tan simple decir las cosas en un solo de emociones.
Con esto basta. Otra entrada para mi cuadernito, y ya si no lo lee o no lo escucha al menos lo sabrá cuando lea mi libro. Cuando yo lo publique y ella lo compre. Pienso y rio. Con los mismos detalles que al salir de casa. Regreso. Tomo mi taxi. Regateo. Converso un poco. Me cuelgo. Y me despido de mi amigo fugaz. Me bajo a una cuadra para respirar el ultimo aire impersonal del día y juego a la rayuela, llego saltando muy serio de cuadradito en cuadradito, en un pie, en dos.
La neblina espesa borraba todo. Lo deformaba. Y una garúa tenaz aguaba el aire. Es finales de marzo y estamos en el corazón del invierno (como decía mi abuela). Pienso, mientras continúo mi caminata. Triste e inóspita al paradero de la esquina. Con la voz de mi viejita antes de salir: abrigate que esta haciendo frio!! luego el gasto es para unooo!!!. Y en verdad que esta haciendo frio del carajo. No basta las dos medias, pienso y sonrio. Me alegra haberle hecho caso y no haber recibido el clásico: jodete entonces! como vuelto a mis desacatos con devoción.
Supuse bien. Nadie sale un domingo en invierno, mucho menos a solo prestarse a caminar. Día propicio para respirar. Para mi. Y solo. Mientras sigo esperando el taxi que me lleve a mi lugar favorito. En esta estación que a nadie gusta. Solo a mi. El infaltable regateo, "maestro 5 lukitas al puente?". Mas por la manera de la solicitud que por el contrato verbal, accede en un gesto afable.
Mientras distraía mi mente con la conversación del canoso interlocutor psicólogo ambulante, en la radio sonaba melódica la canción mas chancada de cadillac. En el pequeño tramo, se me venían atisbos de melancolía, causadas por una sonrisa, pienso. Una sonrisa?. Como diablos una sola sonrisa puede hacerme temblar? O es que en verdad no me abrigue lo suficiente? me pierdo en mi pregunta mientras en mi disfuerzo, tirito y río dentro del coche destartalado igual que el dueño, en neblina, en garúa, en la tarde de un domingo, con una sombra mirando de reojo mi risa tonta y que ahora estaba en silencio, mientras seguía conduciendo.
En unos minutos escucho a lo lejos, según mi inconciencia: llegamos!!! con tono rudo y cierta ironía para despertarme del letargo, el sujeto que con ojos clavados en mi con cierto descaro se disponía a seguir trabajando. Asintiendo yo con la cabeza y devolviéndole el gesto con una sonrisa calida al anciano (si la gente entendiera el poder que genera una sonrisa, pienso) cambiaría el mundo, bueno en parte. Bueno nunca tanto. El mundo ya esta bastante jodido para hacer campañas de sensibilización. Pero puedo ser extremadamente feliz con tan poco.
Mientras me acercaba, me frotaba las manos con furia, oyendo el rumor del rio cargado a lo lejos y de cuando en cuando el sonido de los motores de los autos que transitaban por la calle principal languidecían.
La garúa habia cesado, pero ahora un viento silvante barría la tierra y malograba mi imitación de peinado. Saco los audifonos y me los conecto al cerebro. Agrego cualquier canción, no gusto de escuchar una canción feeling si no tengo cierto sentido para hacerlo, o poner una buena letra para combinar el romanticismo cliché y el masoquismo en el que solemos sumergirnos a ciegas en un mar agridulce. En este caso, en un rio.
Llego al espacio que tengo debajo del puente, asolapado empiezo a acomodarme para quedar espectante al ocaso de matizes tan dulces que te llenan la boca de saliva, e ideas apropiadas para causar frases enamoradizas. Primero anoto mentalmente las palabras que le diré a mi sonrienta musa para no caer en eufemismos. Luego, mi lapicito masticado que se pierde entre mis dedos plasma ideas concretas.Pienso. Necesito una actitud bizarra y un buen argumento. Uffffffff. Que dificil es enamorarse. No es tan simple decir las cosas en un solo de emociones.
Con esto basta. Otra entrada para mi cuadernito, y ya si no lo lee o no lo escucha al menos lo sabrá cuando lea mi libro. Cuando yo lo publique y ella lo compre. Pienso y rio. Con los mismos detalles que al salir de casa. Regreso. Tomo mi taxi. Regateo. Converso un poco. Me cuelgo. Y me despido de mi amigo fugaz. Me bajo a una cuadra para respirar el ultimo aire impersonal del día y juego a la rayuela, llego saltando muy serio de cuadradito en cuadradito, en un pie, en dos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario