
Era pues el secreto de mi vida. La razón de ser de esa tristeza que me agobiaba sin tenerla, preocupación que me llenaba estúpidamente los días y principalmente las noches. Sin saber que decir, ni como actuar, esa ceguera de multitudes que te cicatrizan las llagas del alma y a la vez te las abren cuando no encuentras respuesta.
Curado del todo al caer en el pozo de enfermedad en sus mas crueles y sombríos rincones, donde el miedo común que vivía conmigo, envuelto en pánico se había por fin esfumado. Enroscando mis brazos en mis piernas hasta hacerme bolita y no querer salir nunca para que no me sigan haciendo daño. Funcionó.
Me pregunto a que se debe tanta indiferencia confusa, será que el síndrome es contagioso, responderé. Pues, cuando uno a amado y odiado, o cuando uno a vivido y tenido relaciones aflictivas supongo. La primera explicación me parece la mas coherente y lógica, o donde no hay retornos en acontecimientos pasados, curándose con grandes alegrías que te produce al entrar en la casa de grandes amigos, por no llamarlos corazones. Subrayo.
Hubiera seguido escribiendo tantas banalidades que genera ese supuesto adjetivo de cuatro letras que emula un sentimiento ya formal si hubiera recibido una contestación, ese sentimiento que hace que supuestamente seas mejor persona, eso, que me hizo reformular un cuento donde nos conocíamos desde niños e intercambiamos diálogos ingenuos, donde ella era inocente y el era tímido.
En los que delicadezas de cortesías, hablaban de amor sin mencionarlo, por temas interrumpidos con los lindos colores del arco iris, un sol acompañante y el movimiento de las nubes interpretando las formas, siempre de su mano, viéndola sin el mas mínimo ápice de maldad, hasta ahora lo haría sin perder de vista sus grandes ojos marrones. Lo haría.
El niño sacado de una canción setentera proveniente de una intérprete de equivalencias tempestuosas, despidiendo a aquel chico de su barrio sin causa alguna, de cara sucia y cabello largo. Sintiéndose dichoso de conversar, aunque fríamente a través de una computadora unas horas a la semana y de esos breves encuentros, salía robustecida su inspiración surgiendo cuentos y bocetos de poemas, donde la mayoría de ellos, no tendrán destino final.
Todo esta contado, entienda quién quiera entender en las canciones dedicadas a mi misteriosa niña nunca nombrada, salvo en una película dibujada.
Pero, nada a pasado. No había un olor, un color, una temperatura, no ha habido absolutamente nada en réplica, no ha habido tiempo perdido, ni siquiera ido, tampoco por supuesto. Recuperado.
Escribo como si fuera amado, como si fuera comprendido, como si estuviera muerto, donde si algún día entras en el, verás que no es un mundo triste, solo un pequeño espacio celestial de tercera categoría donde los sentimientos pueden verse como son, por la bruma que causa nuestra inconsciencia.


